Las doce Ramas Terrestres (地支, dìzhī) son el nivel yin del sistema de los Cuatro Pilares (BaZi, 八字): frente a los Tallos Celestiales —qi puro y diferenciado—, cada Rama contiene un qi mezclado y estratificado, cuya verdadera riqueza reside en los tallos ocultos (藏干, cánggān), los uno, dos o tres Tallos que anidan en su interior y donde vive buena parte de la lectura profunda del destino.
Reducir una Rama a su animal zodiacal es una simplificación folclórica útil para la memoria, pero insuficiente para el análisis: 子 (Zǐ, la Rata) no es solo un animal nocturno, sino Agua yang en pleno solsticio de invierno, doble hora de la medianoche, con un único tallo oculto —癸 (Agua yin)— que concentra toda su esencia en un solo punto. Cada Rama integra así cinco capas de información: elemento principal, polaridad, estación o nodo solar, doble hora del día y constelación de tallos ocultos.
Sobre la polaridad de cuatro Ramas —子 (Rata), 午 (Caballo), 巳 (Serpiente) y 亥 (Cerdo)— existe una divergencia de escuela que conviene conocer. La lectura secuencial las asigna alternando yang y yin en orden correlativo con los Tallos Celestiales; la lectura por esencia del tallo oculto predominante las polariza según el Tallo que las gobierna internamente. Ninguna es errónea: son marcos distintos, y un buen análisis nombra cuál está usando.
Un detalle de calendario que cambia todo: el año de las Ramas no comienza el 1 de enero ni en el Año Nuevo lunar, sino en Li Chun (立春, «Inicio de la Primavera»), alrededor del 4 de febrero, cuando el Sol alcanza los 315° de longitud eclíptica. Nacer entre el Año Nuevo lunar y Li Chun significa pertenecer, en BaZi, al año anterior — un punto que invalida muchos cálculos hechos con calendarios populares.